🦊 El Zorro de Madera y el Respeto

5-5 años · 5 min

🦊 El Zorro de Madera y el Respeto
Ulises corretea por el Parque de las Figuras. ¡Crac! Sus zapatillas hacen ruidito al pisar las hojas secas. El aire huele a pino y a tierra. Mira a un lado, mira al otro. ¡Qué grande es este parque! Los árboles altos susurran con el viento, como si contaran secretos muy bajito. Ulises busca algo. Busca las figuras de madera que su papá le dijo que parecían hacer gimnasia. Él salta un poquito, ¡Plaf!, y luego hace una pirueta en el sitio. Le encanta saltar y hacer piruetas.

De pronto, Ulises ve algo. ¡Allí! Es una ardilla de madera. ¡Pero qué ardilla! Tiene una pata estirada hacia arriba, como si estuviera haciendo equilibrio. Ulises se ríe. "¡Mira, papá! ¡Una ardilla gimnasta!" Se acerca, la toca con la puntita del dedo. La madera es suave y fresquita. Luego ve más. Un búho de madera gigante haciendo el pino, ¡patas arriba! Y un oso que parece querer saltar una valla invisible. Ulises intenta imitar al búho. Pone las manos en el suelo, ¡Uf!, y levanta una pierna. "¡Como el búho, como el búho!"

Mientras Ulises sigue su "entrenamiento", descubre otra figura. Es un zorro de madera. Este zorro está en una postura muy difícil, como si fuera a dar una voltereta en el aire. Pero algo no va bien. El zorro tiene una hojita grande y pegada justo en la nariz. ¡Parece una cara triste! Ulises se queda mirándolo. "¿Qué le pasa al zorrito, papá? Parece que no puede hacer su voltereta."

Su papá, con una voz suave, le dice: "Ulises, estas figuras son muy especiales. Las hicieron con mucho cariño. Hay que tratarlas con respeto. ¿Verdad que no las empujarías fuerte?" Ulises asiente con la cabeza. "No, papá. Son bonitas." Su papá añade: "Pues entonces, ayúdale con mucho cuidado, como si fuera un amigo de verdad."

Ulises piensa en lo que le dijo su papá. Se acerca despacito al zorro. Primero, mira a su alrededor. Hay otras hojitas caídas en el suelo, justo al lado de la patita del zorro. "¡Hay que limpiar un poquito!" susurra Ulises. Con mucho cuidado, Ulises las aparta con el pie. ¡Crac! Las hojitas hacen ruido.

Luego, muy, muy despacio, Ulises estira su dedito. No tira de la hoja de la nariz del zorro. Solo la roza un poquito, como una caricia. ¡Puf! La hojita, que estaba solo apoyada, cae solita al suelo. "¡Lo hice, papá! ¡El zorro ya no tiene cara triste!" Ulises sonríe de oreja a oreja. Su papá le da una palmadita en el hombro. "Has sido muy respetuoso, Ulises. Has cuidado al zorrito con tus propias manos."

El sol empieza a bajar. Las sombras de los árboles se hacen más largas y bailan sobre las figuras de madera. Ulises mira al zorro, que ahora parece contento, listo para su voltereta. Se siente calentito por dentro. Se acerca a su papá y le coge la mano. El parque se va quedando en silencio. Los pajaritos cantan una última canción de "buenas noches". Ulises ya no corre. Va andando despacito, despacito.

Cierra los ojos un momento y piensa en la ardilla, en el búho y en el zorro gimnasta. Todas las figuras de madera. Se siente muy, muy tranquilo. Respira hondo. El aire de la noche es fresco y huele a tierra mojada. Cuando llega a su cama, ya casi está dormido. Sus párpados pesan. Se acomoda en su almohada. El mundo se vuelve suave. Y muy, muy silencioso.

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