🌟 El cine de Michael

3-7 años · 5 min

🌟 El cine de Michael
Las luces de la Gran Plaza del Cine Estrellas brillaban como mil soles pequeños. ¡Qué ruido de gente! Los tres hermanos miraban con los ojos muy abiertos. Olía a palomitas recién hechas y a un aire muy especial, de fiesta.

—¡Mira, mira, Gonzalito! —gritó Juanito, su pelo rubio y rizado saltaba con cada brinco—. ¡Es la película de Michael Jackson! ¡La quiero ver!

Gonzalito se ajustó sus gafas con un dedito. Sus ojos azules de siete años brillaban de emoción. Vio una cinta roja gorda que cerraba la entrada principal. Un señor muy alto y serio, con un traje oscuro, estaba delante.

—Es el estreno, Juanito —dijo Gonzalito, pasándose la mano por su pelo castaño y liso—. Solo entran los invitados especiales. Nosotros no tenemos entrada.

Carolinita, con su pelo castaño y rizado, señaló con su dedito. —¡Peli! —dijo con su voz de tres años. Quería entrar, ¡claro que sí!

Juanito puso una cara un poco triste. Su piel clara se veía menos brillante bajo las luces. —Pero es la peli de Michael... ¡Quiero verla! —dijo con un puchero grande.

Gonzalito miró al señor alto. Parecía una montaña grande. ¿Cómo podían pasar? Pensó y pensó, sus ojos azules mirando cada detalle del cine. Vio que la gente mayor pasaba por un ladito, enseñando unas tarjetas brillantes.

—¡Ya sé! —dijo Gonzalito, y su piel clara se puso un poco roja de pensar tan fuerte—. Tenemos que ser valientes.

Carolinita le dio un pequeño empujón en la pierna. ¡Puf! Como diciendo: "¡Vamos ya, Gonzalito!".

—Tenemos que preguntar, Juanito. No podemos quedarnos aquí con los brazos cruzados —dijo Gonzalito. Era una decisión difícil. ¡Qué vergüenza hablar con el señor tan serio, aunque parecía amable!

Cogió la mano de Juanito y de Carolinita. Los tres caminaron hacia la cinta roja. El señor los miró con una ceja levantada.

—Perdone, señor —dijo Gonzalito, su voz un poco temblorosa pero firme—. ¿Podemos ver la película de Michael Jackson? Es que nos gusta mucho, mucho.

El señor les miró, y luego sonrió. —¡Vaya, qué valientes sois! —dijo con una voz que era como un oso grande pero amable—. La entrada principal es solo para invitados con tarjeta. ¡Pero hay una puerta secreta!

Gonzalito abrió mucho sus ojos. El señor les señaló un pasillito oscuro al lado del cine, casi escondido.

—Si sois muy valientes y no tenéis miedo a la oscuridad, por ahí se llega a la sala. ¡Pero shhh, es un secreto! —dijo el señor, guiñándoles un ojo grande.

—¡Guau! —dijo Juanito, y sus ojos azules brillaron de emoción—. ¡Una puerta secreta!

Carolinita se rio, ¡Ji, ji! y su piel clara se veía muy contenta. Cogió la mano de su hermano mayor.

Los tres entraron en el pasillito. Estaba un poco oscuro, pero no daba miedo. Olía a pintura nueva y a un poquito de misterio. Al final, vieron una puerta pequeña de madera. ¡Cric! La abrieron despacito.

¡Y allí estaban! Dentro de la sala del cine. Los asientos eran grandes y rojos, muy cómodos. La pantalla era enorme, ¡gigante! Y sus ojos azules de tres años se hicieron muy grandes al verla. Se sentaron juntos, en primera fila.

Las luces empezaron a bajar, ¡plim, plam! Todo se puso oscuro, oscuro.

Carolinita se acurrucó contra Juanito. Juanito puso su cabeza en el hombro de Gonzalito. Los tres estaban muy contentos por su aventura.

La música de Michael Jackson empezó a sonar, bajita, bajita.

Estaban cansados de tanta emoción.

Y muy, muy tranquilos.

Pronto, sus ojitos se cerraron.

Para soñar con bailes, estrellas y puertas secretas.

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