❄️ El picnic de Carolinita y la muñeca de hielo
3-3 años · 5 min
Carolinita se despertó con el sol asomándose por la ventana. ¡Era un día perfecto para explorar! Se puso su chaqueta suave y salió corriendo. Sus rizos marrones rebotaban con cada saltito.<br><br>Salió al jardín. Las flores de colores se movían suavemente con la brisa. ¡Shhh! ¿Qué era ese sonido? Parecía un tintineo lejano. Carolinita, con sus ojos azules, miró hacia el gran manzano.<br><br>Allí, bajo el árbol, había algo brillante. ¡Guau! Se acercó despacito. ¡Era una muñeca! Una muñeca de Elsa, de Frozen, pero no de plástico. ¡Era de hielo! Brillaba mucho con la luz del sol. La muñeca tenía una capa azul transparente y su pelo de hielo relucía.<br><br>Carolinita la tocó con un dedito. ¡Estaba fría! Pero no se derretía tan rápido como un cubito de hielo. La muñeca de Elsa parecía un poco triste. Tenía un brazo un poquito roto, como si se hubiera caído.<br><br>“¿Estás bien, muñeca?”, preguntó Carolinita con su voz dulce. La muñeca no contestó, claro. Pero Carolinita sintió que quería ayudarla. Pensó un momento. ¿Cómo ayudar a una muñeca de hielo que tenía un bracito roto?<br><br>De repente, una idea brillante cruzó su cabecita. Corrió dentro de casa. Buscó en su caja de tesoros. Encontró una cinta de pegar de color azul, brillante como el vestido de Elsa. También cogió un trocito de pañuelo suave, de los que usa para sus osos cuando se 'hacen pupa'.<br><br>Volvió junto a la muñeca de hielo. Con mucho, mucho cuidado, Carolinita le puso el trocito de pañuelo alrededor del bracito roto. Luego, con la cinta de pegar, lo sujetó suavemente. ¡Plof! Un trocito de hielo se desprendió del brazo de la muñeca. Carolinita se puso un poco triste.<br><br>“¡Oh, no!”, dijo. “¿Y ahora qué?” Miró a la muñeca con sus grandes ojos azules. La muñeca de hielo seguía allí, fría, pero ahora con su pequeño ‘vendaje’. Carolinita pensó en lo bien que se sentía cuando compartía sus juguetes con sus amigos. La muñeca no podía jugar, pero Carolinita podía compartir algo con ella.<br><br>Sacó un pequeño sándwich de jamón y queso que su mamá le había preparado para su merienda. Lo dejó con cuidado al lado de la muñeca. “Para ti, Elsa”, susurró. “Así no estarás tan solita”. También puso una florecita roja que había cogido del jardín junto a la muñeca.<br><br>El sol empezó a bajar. El cielo se puso de color naranja y rosa. La muñeca de hielo seguía allí, brillando un poquito menos al irse el sol. Pero ahora no parecía tan solitaria. Tenía su vendaje, su sándwich y su flor. Carolinita sonrió.<br><br>Se sentó al lado de la muñeca, en la hierba suave. El aire se hizo más fresquito. Miró a los árboles, que ahora parecían susurrar historias de buenas noches. La muñeca de Elsa se veía contenta, no con una sonrisa, pero sí con un brillo especial. Carolinita se acurrucó un poquito.<br><br>El mundo se fue haciendo muy silencioso. Solo se oía el viento suave. Carolinita cerró sus ojos azules. La muñeca de hielo, con su bracito vendado, se quedó a su lado, bajo la luna que empezaba a aparecer. Carolinita sintió que había hecho algo bueno. Y con ese pensamiento, se quedó dormidita, soñando con princesas de hielo y florecitas rojas.<br><br>Shhh…
¿Te ha gustado este cuento?
Crea un cuento personalizado con el nombre, la edad y los intereses de tu hij@ en menos de un minuto.
Crear cuento personalizado