🌟 Gon, el campeón saltarín.
5-5 años · 5 min · Autoconfianza
El sol de la tarde brillaba entre las hojas en el Parque de las Mariposas Saltadoras. Gon corría y saltaba, ¡zas!, como si tuviera alas. Imitaba a las mariposas de colores que revoloteaban por todas partes. Quería tocar el cielo con sus pequeños pies. El aire olía a tierra y a flores silvestres.
De pronto, Gon vio algo especial. Un tronco gordo y liso cruzaba un caminito de tierra. Parecía un puente para ardillas. Al lado, había unas rocas grandes, con formas raras, como escalones gigantes. Y un poco más allá, una rama bajita y fuerte que parecía una barra de gimnasia. ¡Qué sitio tan chulo para jugar!
"¡Un circuito de gimnasia!", pensó Gon, y sonrió. Primero, corrió hacia el tronco. ¡Hop! Subió, ¡hop! bajó. Luego, probó a caminar encima, ¡pasito a pasito!, para no caerse. ¡Qué equilibrio! Después, saltó de una roca a otra, ¡plaf, plaf!, como si fuera un canguro de verdad. El suelo vibraba un poquito con cada salto.
Se agarró a la rama y se balanceó un poquito, ¡swing, swing!, como un monito juguetón. "¡Soy el mejor gimnasta!", dijo Gon en voz bajita, mientras sus pies daban pataditas en el aire. Cada movimiento le hacía sentir fuerte y rápido.
Pero entonces, Gon vio el último reto del circuito. Había una roca muy, muy alta, y para bajar al suelo, había que dar un salto largo. ¡Era un salto de gigante! Gon miró la distancia con sus ojos. Era un poco más lejos de lo que solía saltar. Sus pies se quedaron quietos un momento.
"Mmm, ¿podré saltar tan lejos?", pensó Gon, sintiendo una pequeña cosquilla en la barriga. Miró la tierra blandita de abajo. Parecía un poco lejana. Sus hombros se encogieron un poquito. "Quizás es demasiado", susurró Gon para sí mismo, su voz casi como el viento.
Cerró los ojos un segundo. Se imaginó a sí mismo practicando en el jardín, saltando sobre los charcos grandes. Se imaginó cómo sus piernas se doblaban y luego se estiraban con fuerza. Él era valiente. Él era fuerte. Él sabía cómo saltar. Abrió los ojos, tomó aire, ¡fiuuuu!, muy hondo.
"¡Claro que sí que puedo!", se dijo Gon con una voz más fuerte y valiente. Dio un paso hacia el borde de la roca, notando la textura rugosa bajo sus zapatillas. Contó hasta tres en su cabeza, muy, muy despacio. Uno... dos... ¡TRES!
Gon dio un gran salto. Estiró sus brazos, sus piernas. ¡Voló por el aire! Por un segundo, sintió que era una mariposa más. Y ¡bum!, aterrizó con los dos pies en la tierra blandita, justo donde quería. ¡Lo había conseguido! Una sonrisa enorme se le dibujó en la cara. "¡Sí, puedo!", gritó Gon, y dio un pequeño baile de la victoria, ¡pirueta y todo!
El sol empezó a esconderse despacito, pintando el cielo de naranja y rosa. Las mariposas ya no revoloteaban tanto. El parque se volvió más tranquilo. Gon se sentó en la hierba suave, un poco cansado de tanto saltar, pero muy, muy contento con lo que había logrado. Había sido un día de saltos, de equilibrios y de creer en sí mismo.
"¡Qué día de campeón!", pensó Gon. Sus ojos se cerraban poco a poco. El viento le susurraba una canción de cuna entre los árboles. Estaba calentito y a salvo en su camita imaginaria. Mañana quizás habría más saltos, más retos. Pero ahora... era hora de dormir. Shhh... a descansar, campeón.
De pronto, Gon vio algo especial. Un tronco gordo y liso cruzaba un caminito de tierra. Parecía un puente para ardillas. Al lado, había unas rocas grandes, con formas raras, como escalones gigantes. Y un poco más allá, una rama bajita y fuerte que parecía una barra de gimnasia. ¡Qué sitio tan chulo para jugar!
"¡Un circuito de gimnasia!", pensó Gon, y sonrió. Primero, corrió hacia el tronco. ¡Hop! Subió, ¡hop! bajó. Luego, probó a caminar encima, ¡pasito a pasito!, para no caerse. ¡Qué equilibrio! Después, saltó de una roca a otra, ¡plaf, plaf!, como si fuera un canguro de verdad. El suelo vibraba un poquito con cada salto.
Se agarró a la rama y se balanceó un poquito, ¡swing, swing!, como un monito juguetón. "¡Soy el mejor gimnasta!", dijo Gon en voz bajita, mientras sus pies daban pataditas en el aire. Cada movimiento le hacía sentir fuerte y rápido.
Pero entonces, Gon vio el último reto del circuito. Había una roca muy, muy alta, y para bajar al suelo, había que dar un salto largo. ¡Era un salto de gigante! Gon miró la distancia con sus ojos. Era un poco más lejos de lo que solía saltar. Sus pies se quedaron quietos un momento.
"Mmm, ¿podré saltar tan lejos?", pensó Gon, sintiendo una pequeña cosquilla en la barriga. Miró la tierra blandita de abajo. Parecía un poco lejana. Sus hombros se encogieron un poquito. "Quizás es demasiado", susurró Gon para sí mismo, su voz casi como el viento.
Cerró los ojos un segundo. Se imaginó a sí mismo practicando en el jardín, saltando sobre los charcos grandes. Se imaginó cómo sus piernas se doblaban y luego se estiraban con fuerza. Él era valiente. Él era fuerte. Él sabía cómo saltar. Abrió los ojos, tomó aire, ¡fiuuuu!, muy hondo.
"¡Claro que sí que puedo!", se dijo Gon con una voz más fuerte y valiente. Dio un paso hacia el borde de la roca, notando la textura rugosa bajo sus zapatillas. Contó hasta tres en su cabeza, muy, muy despacio. Uno... dos... ¡TRES!
Gon dio un gran salto. Estiró sus brazos, sus piernas. ¡Voló por el aire! Por un segundo, sintió que era una mariposa más. Y ¡bum!, aterrizó con los dos pies en la tierra blandita, justo donde quería. ¡Lo había conseguido! Una sonrisa enorme se le dibujó en la cara. "¡Sí, puedo!", gritó Gon, y dio un pequeño baile de la victoria, ¡pirueta y todo!
El sol empezó a esconderse despacito, pintando el cielo de naranja y rosa. Las mariposas ya no revoloteaban tanto. El parque se volvió más tranquilo. Gon se sentó en la hierba suave, un poco cansado de tanto saltar, pero muy, muy contento con lo que había logrado. Había sido un día de saltos, de equilibrios y de creer en sí mismo.
"¡Qué día de campeón!", pensó Gon. Sus ojos se cerraban poco a poco. El viento le susurraba una canción de cuna entre los árboles. Estaba calentito y a salvo en su camita imaginaria. Mañana quizás habría más saltos, más retos. Pero ahora... era hora de dormir. Shhh... a descansar, campeón.
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