🦖 Un Gigante con Moco
5-5 años · 5 min · Dinosaurios
Gon corretea por el "Valle de los Gigantes". ¡Plaf! Sus botas chapotean en un charco de mentira. "¡Grrrroooar!" ruge, moviendo los brazos como un T-Rex. Él imagina helechos tan altos como edificios, donde se esconden los dinosaurios.
El sol de la tarde se cuela entre las hojas, pintando el suelo de verde y oro. El aire huele a tierra mojada y a las flores más antiguas del mundo. De repente, Gon escucha un ruido. No es un rugido... es un "¡Achoo!" bajito y muy, muy fuerte.
Gon se detiene. "¿Hola?", dice, con la voz suave. El ruido viene de detrás de una roca gigante, cubierta de musgo suave como una alfombra. Su corazón hace "¡Bum, bum!" despacito.
Con cuidadito, Gon mira por el borde de la roca. ¡Y allí está! Un dinosaurio bebé, un brontosaurio chiquitín, con el cuello largo y la cabeza bajita. Pero no está jugando. ¡Está muy triste! Sus ojos grandes tienen lágrimas y su nariz hace "¡Snif, snif!".
"¡Achoo!", estornuda el bebé dino. Un chorrito de moco sale de su nariz y aterriza en una hoja grande. "Oh, no", susurra Gon. "Tienes muchos mocos, ¿verdad?". El brontosaurio asiente con su cabeza, muy, muy despacio.
Gon piensa. Cuando él tiene mocos, su mamá le da un pañuelo. ¿Pero un dinosaurio? "Mmm...", dice Gon, rascándose la cabeza. Mira a su alrededor. ¡Ajá! Ve una hoja gigante, más grande que su almohada, justo al lado del dinosaurio.
"Mira", dice Gon con una sonrisa. Coge la hoja por un lado. "¡Aquí! ¡Como un pañuelo de dino!". El brontosaurio lo mira con curiosidad. Gon le acerca la hoja a la nariz. "¡Sopla fuerte!", le anima.
El bebé brontosaurio se lo piensa un momento. Luego, ¡pffft! Sopla con todas sus fuerzas. ¡Plaf! Todos sus mocos verdes aterrizan en la hoja gigante. "¡Uf, mucho mejor!", dice Gon. El dino mueve su cuello de lado a lado, como diciendo "¡Sí!".
Pero el dinosaurio vuelve a hacer "¡Snif, snif!". Todavía suena un poco taponado. Gon recuerda que su mamá le da algo calentito cuando está resfriado. Mira a su alrededor otra vez. En un arbusto cercano, hay unas bayas rojas y brillantes, calentitas por el sol.
"¡Mira, bayas de sol!", dice Gon, cogiéndolas con cuidado. "Mi mamá dice que son buenas para la garganta". Le ofrece una al dinosaurio. El brontosaurio la huele, luego la engulle. "¡Ñam, ñam!", hace con un ruidito contento.
Gon le da otra, y otra. El dinosaurio bebé come las bayas. Su nariz empieza a sonar menos "snif, snif" y más "rrrrrr", como un pequeño motor que se arregla. ¡Incluso da un pequeño brinco!
El brontosaurio bebé se frota su cabeza contra el hombro de Gon, ¡como un gatito gigante! "¡Rrrrruuuh!", ronronea. Parece que ya no tiene mocos. Gon se ríe. "¡De nada, amigo!", le dice.
El sol empieza a esconderse detrás de las montañas de helechos. Los colores del valle se vuelven morados y naranjas. Los ruidos de los insectos empiezan a sonar, "¡Cric, cric!", muy bajitos.
Gon se sienta junto al brontosaurio, que ahora se ha acurrucado como una pelota. Gon le acaricia el cuello suavemente. "Descansa, amigo", susurra. El dinosaurio cierra sus ojos, contento.
Gon se siente muy feliz. Ha ayudado a un dinosaurio con mocos. ¡Qué aventura tan especial! Sus propios ojos empiezan a cerrarse. Su cuerpo se siente blandito y calentito.
El valle se queda en silencio. Las hojas susurran "¡Shhh!". Gon se acomoda. Respira despacito. Y sueña con dinosaurios que ya no estornudan, solo hacen "¡Ñam, ñam!".
El sol de la tarde se cuela entre las hojas, pintando el suelo de verde y oro. El aire huele a tierra mojada y a las flores más antiguas del mundo. De repente, Gon escucha un ruido. No es un rugido... es un "¡Achoo!" bajito y muy, muy fuerte.
Gon se detiene. "¿Hola?", dice, con la voz suave. El ruido viene de detrás de una roca gigante, cubierta de musgo suave como una alfombra. Su corazón hace "¡Bum, bum!" despacito.
Con cuidadito, Gon mira por el borde de la roca. ¡Y allí está! Un dinosaurio bebé, un brontosaurio chiquitín, con el cuello largo y la cabeza bajita. Pero no está jugando. ¡Está muy triste! Sus ojos grandes tienen lágrimas y su nariz hace "¡Snif, snif!".
"¡Achoo!", estornuda el bebé dino. Un chorrito de moco sale de su nariz y aterriza en una hoja grande. "Oh, no", susurra Gon. "Tienes muchos mocos, ¿verdad?". El brontosaurio asiente con su cabeza, muy, muy despacio.
Gon piensa. Cuando él tiene mocos, su mamá le da un pañuelo. ¿Pero un dinosaurio? "Mmm...", dice Gon, rascándose la cabeza. Mira a su alrededor. ¡Ajá! Ve una hoja gigante, más grande que su almohada, justo al lado del dinosaurio.
"Mira", dice Gon con una sonrisa. Coge la hoja por un lado. "¡Aquí! ¡Como un pañuelo de dino!". El brontosaurio lo mira con curiosidad. Gon le acerca la hoja a la nariz. "¡Sopla fuerte!", le anima.
El bebé brontosaurio se lo piensa un momento. Luego, ¡pffft! Sopla con todas sus fuerzas. ¡Plaf! Todos sus mocos verdes aterrizan en la hoja gigante. "¡Uf, mucho mejor!", dice Gon. El dino mueve su cuello de lado a lado, como diciendo "¡Sí!".
Pero el dinosaurio vuelve a hacer "¡Snif, snif!". Todavía suena un poco taponado. Gon recuerda que su mamá le da algo calentito cuando está resfriado. Mira a su alrededor otra vez. En un arbusto cercano, hay unas bayas rojas y brillantes, calentitas por el sol.
"¡Mira, bayas de sol!", dice Gon, cogiéndolas con cuidado. "Mi mamá dice que son buenas para la garganta". Le ofrece una al dinosaurio. El brontosaurio la huele, luego la engulle. "¡Ñam, ñam!", hace con un ruidito contento.
Gon le da otra, y otra. El dinosaurio bebé come las bayas. Su nariz empieza a sonar menos "snif, snif" y más "rrrrrr", como un pequeño motor que se arregla. ¡Incluso da un pequeño brinco!
El brontosaurio bebé se frota su cabeza contra el hombro de Gon, ¡como un gatito gigante! "¡Rrrrruuuh!", ronronea. Parece que ya no tiene mocos. Gon se ríe. "¡De nada, amigo!", le dice.
El sol empieza a esconderse detrás de las montañas de helechos. Los colores del valle se vuelven morados y naranjas. Los ruidos de los insectos empiezan a sonar, "¡Cric, cric!", muy bajitos.
Gon se sienta junto al brontosaurio, que ahora se ha acurrucado como una pelota. Gon le acaricia el cuello suavemente. "Descansa, amigo", susurra. El dinosaurio cierra sus ojos, contento.
Gon se siente muy feliz. Ha ayudado a un dinosaurio con mocos. ¡Qué aventura tan especial! Sus propios ojos empiezan a cerrarse. Su cuerpo se siente blandito y calentito.
El valle se queda en silencio. Las hojas susurran "¡Shhh!". Gon se acomoda. Respira despacito. Y sueña con dinosaurios que ya no estornudan, solo hacen "¡Ñam, ñam!".
Pegatinas del cuento
¿Te ha gustado este cuento?
Crea un cuento personalizado con el nombre, la edad y los intereses de tu hij@ en menos de un minuto.
Crear cuento personalizado