🤔 El Jardín Hamburguesa
12-12 años · 5 min · Curiosidad
Nicky, con sus gafas siempre un poco resbaladizas en la nariz, caminaba de vuelta a casa después del colegio. Su pelo negro, con sus ondas suaves, se movía un poco con la brisa de la tarde. Sus ojos marrones, siempre atentos, buscaban algo interesante por el camino.
Al pasar por la vieja Panadería La Luna, un olor diferente al pan recién hecho llegó a su nariz. No era dulce, no era salado, era una mezcla extraña y muy apetitosa, como a carne a la parrilla y verduras frescas. "Qué olor más raro", murmuró, empujando sus gafas hacia arriba. El olor venía de una verja oxidada que nunca había visto, casi escondida por la hiedra. La verja se abrió un poquito, haciendo un sonido suave. ¡Cric!
La curiosidad le picó como un mosquito. Tenía que mirar. ¿Qué sería ese olor? Con cuidado, se coló por el hueco, notando el metal frío de la verja. Dentro no había un patio sucio, sino un jardín secreto. Era salvaje, sí, pero también ordenado de una manera extraña. Había filas de plantas que brillaban con colores suaves, aunque el sol aún estaba alto.
"¡Uau!", exclamó Nicky, ajustándose las gafas de nuevo. Una planta tenía hojas verdes y rizadas, más grandes que su cabeza, que parecían lechugas perfectas. Otra planta tenía globos rojos y lisos, como tomates enormes, colgando de tallos gruesos. Y más allá, otra planta de un color amarillo suave le recordaba a lonchas de queso, ¡pero creciendo en el suelo!
De repente, vio algo increíble. En el centro del jardín, una planta crecía alta, con capas. Primero, un panecillo blandito y suave en la parte de abajo. Luego, un disco redondo con forma de hamburguesa, que chisporroteaba suavemente con un ¡Ssshhh!, aunque no hacía calor. Encima, las hojas de lechuga, los tomates y el queso que había visto antes, colocados en capas. Y, por último, otro panecillo arriba. ¡Era una planta de hamburguesa gigante!
Nicky se acercó, sus pasos suaves sobre el suelo cubierto de musgo. Estiró una mano, pero la retiró. "Esto es... ¿un jardín de hamburguesas?", susurró para sí misma. Todo olía un poquito a carne a la parrilla, verduras frescas y pan tostado.
Cerca de la planta de hamburguesa, escondido bajo una hoja de tomate, vio un pequeño cartel. Decía: "No tocar sin permiso del Guardián del Sabor". Un guardián, ¿quién sería? ¿Y si tocaba una hoja? ¿Sabría a hamburguesa de verdad? Su estómago hizo un pequeño ruido.
Su curiosidad luchaba un poquito con la prudencia. Quería saberlo todo. ¿Era un lugar mágico? Nicky miró a su alrededor, luego de nuevo a la hamburguesa gigante. Respiró hondo. "Voy a mirar muy de cerca, pero sin tocar", decidió. Se arrodilló con cuidado, observando la parte de la "carne" de la planta. Parecía hecha de una sustancia terrosa, como de champiñón, con una forma perfecta. ¡Ooooh!
Vio pequeños insectos zumbando alrededor de los "panecillos", recogiendo un rocío dorado y dulce. "Son como abejas, pero... ¿de hamburguesa?", se rió suavemente. Nicky se dio cuenta de que este jardín no era solo raro, era un lugar lleno de vida, un mundo secreto.
El sol empezó a bajarse, pintando el cielo de naranja y morado. Las plantas brillantes del jardín parecían resplandecer aún más. Nicky sabía que tenía que irse, pero sentía una emoción maravillosa por lo que había descubierto.
Se alejó despacio, sin tocar nada. Antes de salir, vio un pepinillo pequeño y perfecto, no más grande que su pulgar, al lado de la verja. ¡Plof! Un diminuto pepinillo cayó al suelo. Nicky sonrió. No había tocado la hamburguesa grande, pero había descubierto su secreto.
Se deslizó de nuevo por la verja oxidada, cerrándola con cuidado. ¡Cric! El olor del pan de la panadería ahora le parecía normal. Pero Nicky guardaba un secreto. Un secreto delicioso y curioso.
Mientras caminaba a casa, el recuerdo de la lechuga brillante y la planta de carne chisporroteante llenó su mente. ¿Cuántos secretos más guardaría el mundo, esperando que alguien fuera lo suficientemente curiosa para encontrarlos?
De vuelta en su habitación, se preparó para dormir. Su pelo negro ondulado se sentía suave contra la almohada. Sus gafas descansaban en su mesita de noche.
El mundo exterior se fue callando.
Cerró sus ojos marrones.
El jardín de hamburguesas, aún brillando en sus pensamientos.
Un secreto maravilloso.
Sueño.
Dulces sueños.
Al pasar por la vieja Panadería La Luna, un olor diferente al pan recién hecho llegó a su nariz. No era dulce, no era salado, era una mezcla extraña y muy apetitosa, como a carne a la parrilla y verduras frescas. "Qué olor más raro", murmuró, empujando sus gafas hacia arriba. El olor venía de una verja oxidada que nunca había visto, casi escondida por la hiedra. La verja se abrió un poquito, haciendo un sonido suave. ¡Cric!
La curiosidad le picó como un mosquito. Tenía que mirar. ¿Qué sería ese olor? Con cuidado, se coló por el hueco, notando el metal frío de la verja. Dentro no había un patio sucio, sino un jardín secreto. Era salvaje, sí, pero también ordenado de una manera extraña. Había filas de plantas que brillaban con colores suaves, aunque el sol aún estaba alto.
"¡Uau!", exclamó Nicky, ajustándose las gafas de nuevo. Una planta tenía hojas verdes y rizadas, más grandes que su cabeza, que parecían lechugas perfectas. Otra planta tenía globos rojos y lisos, como tomates enormes, colgando de tallos gruesos. Y más allá, otra planta de un color amarillo suave le recordaba a lonchas de queso, ¡pero creciendo en el suelo!
De repente, vio algo increíble. En el centro del jardín, una planta crecía alta, con capas. Primero, un panecillo blandito y suave en la parte de abajo. Luego, un disco redondo con forma de hamburguesa, que chisporroteaba suavemente con un ¡Ssshhh!, aunque no hacía calor. Encima, las hojas de lechuga, los tomates y el queso que había visto antes, colocados en capas. Y, por último, otro panecillo arriba. ¡Era una planta de hamburguesa gigante!
Nicky se acercó, sus pasos suaves sobre el suelo cubierto de musgo. Estiró una mano, pero la retiró. "Esto es... ¿un jardín de hamburguesas?", susurró para sí misma. Todo olía un poquito a carne a la parrilla, verduras frescas y pan tostado.
Cerca de la planta de hamburguesa, escondido bajo una hoja de tomate, vio un pequeño cartel. Decía: "No tocar sin permiso del Guardián del Sabor". Un guardián, ¿quién sería? ¿Y si tocaba una hoja? ¿Sabría a hamburguesa de verdad? Su estómago hizo un pequeño ruido.
Su curiosidad luchaba un poquito con la prudencia. Quería saberlo todo. ¿Era un lugar mágico? Nicky miró a su alrededor, luego de nuevo a la hamburguesa gigante. Respiró hondo. "Voy a mirar muy de cerca, pero sin tocar", decidió. Se arrodilló con cuidado, observando la parte de la "carne" de la planta. Parecía hecha de una sustancia terrosa, como de champiñón, con una forma perfecta. ¡Ooooh!
Vio pequeños insectos zumbando alrededor de los "panecillos", recogiendo un rocío dorado y dulce. "Son como abejas, pero... ¿de hamburguesa?", se rió suavemente. Nicky se dio cuenta de que este jardín no era solo raro, era un lugar lleno de vida, un mundo secreto.
El sol empezó a bajarse, pintando el cielo de naranja y morado. Las plantas brillantes del jardín parecían resplandecer aún más. Nicky sabía que tenía que irse, pero sentía una emoción maravillosa por lo que había descubierto.
Se alejó despacio, sin tocar nada. Antes de salir, vio un pepinillo pequeño y perfecto, no más grande que su pulgar, al lado de la verja. ¡Plof! Un diminuto pepinillo cayó al suelo. Nicky sonrió. No había tocado la hamburguesa grande, pero había descubierto su secreto.
Se deslizó de nuevo por la verja oxidada, cerrándola con cuidado. ¡Cric! El olor del pan de la panadería ahora le parecía normal. Pero Nicky guardaba un secreto. Un secreto delicioso y curioso.
Mientras caminaba a casa, el recuerdo de la lechuga brillante y la planta de carne chisporroteante llenó su mente. ¿Cuántos secretos más guardaría el mundo, esperando que alguien fuera lo suficientemente curiosa para encontrarlos?
De vuelta en su habitación, se preparó para dormir. Su pelo negro ondulado se sentía suave contra la almohada. Sus gafas descansaban en su mesita de noche.
El mundo exterior se fue callando.
Cerró sus ojos marrones.
El jardín de hamburguesas, aún brillando en sus pensamientos.
Un secreto maravilloso.
Sueño.
Dulces sueños.
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