💚 El Jardín de los Tacos

3-7 años · 5 min · Gratitud

💚 El Jardín de los Tacos
El sol brillaba con fuerza en el Jardín de las Hojas Felices. Unas hojas grandes y verdes susurraban cosas al viento, como si tuvieran secretos. Gonzalito, con sus gafas en la nariz, miraba un papel viejo y arrugado. Juanito correteaba dando pequeños saltos, con sus rizos rubios botando. Carolinita estaba sentada en la hierba suave, oliendo una flor amarilla.

“¡Mirad, chicos! ¡Aquí dice que hay un tesoro escondido!”, exclamó Gonzalito, señalando el papel. Juanito se paró en seco. “¡Un tesoro! ¡Qué guay, Gonzalito! ¿Es de oro?”. Carolinita levantó su flor. “¡Flor! ¡Bonita!”, dijo con su voz chiquitita. Gonzalito se rió. “No es de oro, Juanito. Es algo mucho mejor: ¡la receta de la salsa de taco más rica del mundo!”.

El papel tenía un dibujo de un taco sonriente y una adivinanza. “Busca las hojas que pican pero saben bien… y la fruta redonda y verde que te hace sonreír”, leyó Gonzalito. Juanito se frotó la barriga. “¡Mmm, tacos! ¿Dónde están?”. Carolinita gateó hacia un arbusto. “¡Verde! ¡Verde!”.

Siguieron el camino, buscando las pistas. El sendero se hizo más estrecho y, de repente, se dividió en tres. Un camino era muy soleado y lleno de mariposas. Otro era oscuro y silencioso, con muchos árboles altos. Y el tercero tenía piedrecitas de colores que brillaban. Gonzalito se rascó la cabeza. Se ajustó las gafas. “Uy… ¿Cuál será el bueno? ¡El papel no lo dice!”.

Juanito señaló el camino de las piedrecitas. “¡Quiero ir por ahí! ¡Brillan mucho!”. Carolinita, de pie junto al camino oscuro y silencioso, puso su dedo en los labios. “¡Shhh! ¡Pajarito!”, susurró, apuntando a un árbol. Gonzalito lo pensó. “El papel habla de cosas que la tierra regala. Nuestra mami siempre da las gracias a las plantas. ¿Y si nosotros damos las gracias al jardín por ayudarnos?”.

Juanito, con su cara de pregunta, pero confiando en su hermano mayor, dijo: “¡Gracias, árbol!”. Carolinita aplaudió y dijo: “¡Tati! ¡Tati!”. Justo entonces, una brisa muy suave sopló por el camino oscuro. ¡Puf! Una pequeña flecha de luz apareció en el suelo, señalando ese camino. “¡Es este!”, dijo Gonzalito, ¡sorprendido!

Caminaron por el sendero silencioso. ¡Y allí estaban! Un arbusto con frutos verdes y redondos (¡limas!), otro con hojitas muy olorosas (¡cilantro!), y una fruta grande y verde en el suelo (¡un aguacate!). Recogieron todo con cuidado en una cesta que habían traído. “¡Lo tenemos!”, dijo Juanito, emocionado. “¡La salsa de taco!”. Carolinita dio un pequeño salto. “¡Ñam ñam!”.

Se sentaron cerca del arroyo, cansados pero muy contentos. El sol empezaba a irse, pintando el cielo de colores bonitos. Las hojas del jardín susurraban más bajito ahora, como si cantaran una canción de cuna. Pensaron en los tacos deliciosos que harían con la salsa. Se sentían muy agradecidos al jardín por su secreto. Al uno al otro por la aventura.

Cerraron los ojos.
El día había sido precioso.
Dulces sueños, pequeños.

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