🍦 El Helado del Glotón Curioso

3-7 años · 5 min · Respeto

🍦 El Helado del Glotón Curioso
¡Cric-cric! El suelo sonaba a galleta crujiente bajo los pies de Gonzalito, Juanito y Carolinita. Estaban en el Bosque de Caramelos Crujientes, donde las hojas de los árboles brillaban como chispitas de colores y el aire olía a vainilla y menta. Gonzalito, con sus gafas, miraba las copas altas. Juanito saltaba, ¡pum, pum!, de una piedrecita de azúcar a otra. Carolinita reía, ¡ji, ji!, y señalaba una flor grande que parecía de gominola.

De repente, Juanito paró en seco. “¡Mira! ¡Allí!”, dijo, con la voz un poquito bajita. Detrás de un árbol con hojas de caramelo, había un bultito de pelo blanco y suave. Parecía una nube pequeña, pero estaba tiritando. *¡Ñiiiii!*, hizo un sonido muy triste. A su lado, había un charquito de color rosa que se hacía más grande. “¡Oh, pobre!”, dijo Juanito, sintiendo penita.

Gonzalito se acercó despacito, ajustándose las gafas. “Es un Glotón de Nieve”, susurró. “Parece que tiene mucho frío”. El charquito rosa era un helado pequeño que se había derretido. El Glotón de Nieve miraba el charco con ojos redondos y tristes, y seguía temblando. *¡Ñiiiii!*, volvió a hacer, como si le doliera la barriga. Carolinita se puso de puntillas y estiró un dedito hacia el Glotón. “¡Aww!”, dijo, con su voz dulce.

“Mamá dice que hay que ser amables con todos, con respeto”, pensó Gonzalito. Ellos llevaban un helado de fresa y nata que mamá les había dado, en una caja mágica que lo mantenía muy frío. “¿Qué hacemos?”, preguntó Gonzalito a Juanito. Juanito miró al Glotón, luego a su helado. “¡Quiere helado, seguro!”, dijo. “Pero… ¿y si se lo damos y luego nosotros tenemos frío o no nos gusta?”, pensó Gonzalito. Era una decisión importante.

Gonzalito respiró hondo. “Vamos a darle un poquito”, dijo, con decisión. “Con respeto, para que se ponga bien”. Con mucho cuidado, usó una hoja grande del árbol de caramelo como cuchara y puso un poquito de su helado de fresa y nata delante del Glotón. El Glotón de Nieve olió con su naricita, luego, *¡Ñam!*, se comió el helado. Sus ojitos redondos se abrieron de gusto. Dejó de tiritar y empezó a ronronear, *¡Prrr-prrr!*, como un gatito contento.

Carolinita dio una palmada, ¡plof, plof!, y se rio. El Glotón de Nieve, ya feliz, saltó y les guio por un caminito secreto. Los llevó a un lugar escondido bajo una hoja gigante y brillante. Allí, el suelo estaba cubierto de un helado de nieve que nunca se derretía, ¡era de color azul y sabía a arándanos! El Glotón les ofrecía su helado especial, como dándoles las gracias. Los tres hermanos se sentaron y compartieron el helado de arándanos, riendo y sintiéndose muy bien.

El sol empezó a bajar, tiñendo el bosque de naranja y rosa. Las chispitas de los árboles brillaban más fuerte. El aire se puso más tranquilo, y el *¡Cric-cric!* de sus pasos era cada vez más suave. Caminaban de vuelta a casa, con el Glotón de Nieve despidiéndose con un *¡Chao!* muy bajito. Juanito bostezó. “Qué rico helado”, dijo, con la voz ya un poco dormida. Gonzalito sonrió. “Qué bien que ayudamos, ¿verdad?”. Carolinita se acurrucó, sus ojitos ya casi cerrados. El dulce olor a vainilla y menta les acompañaba, haciéndoles sentir muy calentitos y con mucho sueño. Pequeños, a descansar. ¡Buenas noches!

¿Te ha gustado este cuento?

Crea un cuento personalizado con el nombre, la edad y los intereses de tu hij@ en menos de un minuto.

Crear cuento personalizado