🥔 La patata feliz de Martina

2-2 años · 5 min · Amabilidad

🥔 La patata feliz de Martina
Martina corría por el huerto. ¡Plaf! Sus pies pequeños saltaban. La tierra estaba blandita y oscura. El sol grande daba calorcito. ¡Qué gusto! Las flores de patata bailaban. Eran moradas y blancas. Las abejas hacían ¡zzzzzt! Volaban de flor en flor. Buscaban su miel dulce. ¡Qué sonido tan suave! Martina reía ¡ji, ji! Le encantaba jugar. Estaba entre las plantas verdes. Olía a tierra mojada. También a florecitas dulces. ¡Mmm, qué rico todo!

De repente, Martina vio algo. ¡Qué es eso! Se agachó despacito. Bajó su cabecita entre las hojas. ¡Oh! Era una patata. Era pequeñita, pequeñita. Casi como una canica. ¡Plof! Estaba un poco escondida. La tierra la tapaba. Parecía solita. No había otras patatas cerca. '¡Hola, patata!' dijo Martina. Su voz era suave y amable. '¡Eres muy redondita! Como una pelota chiquitina.' La patata no decía nada. Estaba un poco marroncita. Su piel era rugosa. Martina la tocó. Con un dedito muy suave. ¡Oh! Estaba un poco seca. Como si tuviera mucha sed. '¿Tienes sed, patata, mi amiga?' preguntó Martina. Hizo un puchero. La patata no se movía. '¿Quieres agua, amiguita patata?'

Martina pensó un poquito. Su cabecita se inclinó. Su ceño se arrugó. Pensaba muy fuerte. '¡Ya sé!', dijo de pronto. Sus ojos se abrieron mucho. ¡Como dos botones! Corrió, ¡tac, tac, tac! Fue a buscar su regadera azul. ¡Clonc, clonc! La llenó de agua fresquita. Del grifo. ¡Qué agua más brillante! Volvió despacito. Con mucho, mucho cuidado. No quería derramar ni una gotita. Su regadera pequeña iba de lado a lado. ¡Casi bailaba! 'Aquí viene el agua para ti', susurró Martina. Con mucho cariño.

Con su manita pequeña, Martina echó agua. ¡Chof, chof! El agua caía suave. Sobre la tierra sedienta. ¡Qué alegría! La patata pequeñita se mojaba. Las hojitas también bebían. '¡Así estarás contenta!', dijo Martina. Dio palmaditas suaves. A la tierra alrededor. 'Ahora tienes agua. Amiguita patata. Ya no tienes sed. ¡Te sentirás mucho mejor!' La patata parecía más brillante. Su piel más lisa. Más contenta. ¡Sí! Martina sonrió. Su corazón estaba calentito. Se sentía muy bien. Ayudando a su amiga patata. ¡Qué bien ser amable!

El sol grande empezaba a irse. Por el cielo. Se ponía naranja y rojo. Como un cuadro de colores. Las abejas ya no hacían ¡zzzzzt! Se escondían en sus casitas. Para dormir. Bien abrigaditas. El aire se ponía más fresco. Como un abrazo suave. Martina miró a la patata. Una última vez. 'Buenas noches, patata bonita', susurró. Casi sin voz. Para no despertarla. 'Mañana volveré a verte. Te daré los buenos días.' Se despidió con la mano. '¡Adiós, patata amiga!'

Martina entró en casa. El olor a cena llenaba la cocina. Ya era la hora de su cuento. Su cuento favorito. Se acurrucó en los brazos fuertes. Los brazos calentitos de su papá. Escuchaba el cuento. Con los ojos medio cerrados. Muy relajada. Sus ojitos se cerraban. Despacito, despacito. Como dos pétalos de flor. Soñaba con patatas redonditas. Con agua fresquita. Que caía ¡chof, chof! Y con su nueva amiga. La patata contenta. La patata feliz del huerto. Se sentía calentita. Y muy, muy feliz. En su camita. ¡Shhh! A dormir, Martina, mi amor. ¡Shhh! Dulces sueños con patatas.

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