¡El Bosque de los Abrazos y Francisco!

2-2 años · 5 min

¡El Bosque de los Abrazos y Francisco!
Hola, Francisco! ¿Sabes que en un lugar muy, muy lejos, donde las nubes son de algodón y el sol pinta los colores más bonitos, vive un niño muy especial? ¡Eres tú! A Francisco le encantaban los animales. Le gustaba mucho verlos en los libros, hacer "muuuu" como la vaca y "guau-guau" como el perrito. Un día, mientras jugaba con su osito de peluche, ¡zas! Una pequeña mariposa de colores brillantes le hizo cosquillas en la nariz. "¡Pío, pío! ¿Quieres venir conmigo a conocer amigos de verdad?"

Francisco, de la mano de la mariposa, se encontró en un bosque mágico. ¡Guau! Los árboles eran gigantes y las flores olían a caramelo. "¡Mira, Francisco!", dijo la mariposa. "¡Ahí está el Elefante Trompetista!" Un elefante enorme, con orejas grandes y una trompa larga, estaba un poco solito, jugando con una hoja gigante. Parecía un poco tímido. "¡Hola, Elefante!", dijo Francisco con su voz suave. El elefante le miró, pero no se acercó mucho. "Es que es un poco vergonzoso", susurró la mariposa.

De repente, de debajo de una flor, salió un Ratoncito Chiquitín, con bigotes curiosos y una colita que se movía sin parar. "¡Chis-chis!", dijo el ratón. Pero cuando vio al Elefante Trompetista, ¡se asustó mucho! "¡Uy, qué grande!", pensó el ratoncito, y se escondió otra vez. Y el Elefante, aunque era muy grande, también se sobresaltó un poquito al ver al ratón correr tan rápido. ¡Era tan pequeño!

Francisco se dio cuenta de que el Elefante estaba triste porque no tenía con quién jugar a las escondidas, y el Ratoncito estaba triste porque nadie quería hacerle cosquillas con su colita. "¡No pasa nada!", dijo Francisco con una gran sonrisa. "¡Podéis ser amigos!" Se acercó al Ratoncito y le dijo: "Mira, el Elefante es muy bueno y muy suave. Y tú, Elefante, el Ratoncito es muy divertido y rápido."

Francisco les cogió de la mano (bueno, al Elefante de la trompa y al Ratoncito de la patita) y les acercó despacito. El Elefante bajó su trompa con cuidado, y el Ratoncito, con un poquito de miedo al principio, subió por la trompa del elefante. ¡Qué cosquillas! El Elefante soltó una risita suave, ¡pffft! Y el Ratoncito empezó a reír también. "¡Son amigos!", dijo Francisco, aplaudiendo. Jugaron a las cosquillas, a las carreras (el ratón corría por las patas del elefante) y a soplar burbujas con la trompa del elefante. ¡Qué divertido!

El Elefante Trompetista y el Ratoncito Chiquitín se miraron y se dieron cuenta de que, aunque eran muy diferentes, ¡podían ser los mejores amigos del mundo! El Elefante le dio un pequeño y suave empujón con su trompa al Ratoncito, como un abrazo grande, y el Ratoncito le hizo cosquillas en la oreja. "¡Amigos para siempre!", dijeron, cada uno a su manera.

Francisco sintió una alegría muy grande en su corazón. ¡Había ayudado a dos amigos a encontrarse! La mariposa de colores brillantes revoloteó alrededor de Francisco. "¡Hora de volver, pequeño amigo! Has hecho un trabajo maravilloso." Francisco se despidió del Elefante y del Ratoncito con un abrazo fuerte para cada uno, prometiendo volver a visitarlos.

¡Puf! De repente, Francisco estaba de nuevo en su salón, con su osito de peluche. Pero ahora, cada vez que veía un animal en un libro, o escuchaba un 'muuuu', recordaba al Elefante Trompetista y al Ratoncito Chiquitín. Sabía que la amistad es como una flor muy bonita que hay que cuidar. No importa si eres grande o pequeño, si eres un elefante o un ratón, ¡todos podemos ser amigos y divertirnos mucho juntos! Y Francisco sonrió, pensando en todos los amigos animales que le esperaban en sus sueños.

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