🤖 El Robot Sonriente de Pol
6-6 años · 5 min · Amabilidad · Robots
Pol, un niño de seis años con ojos marrones y pelo negro azabache, se colaba por un hueco en la valla. ¡Clic, clac! Así sonaban sus zapatillas al pisar las piedras sueltas. No estaba en su casa, no. Había llegado al Desguace de los Susurros Metálicos, un lugar lleno de cosas viejas donde el viento hacía sonar los hierros como si cantaran. Olía a metal y a tierra mojada, ¡una mezcla emocionante! Pol corría un poco, se agachaba para mirar un muelle gigante, luego saltaba por encima de un montón de ruedas sin aire. Su corazón latía rápido, ¡le encantaba explorar!
De repente, detrás de una pila de lavadoras viejas, Pol escuchó un ruidito muy bajito. "¡Bip-bop! ¡Bip-bop!". Sonaba como un pajarito, pero mucho más robótico. Pol se asomó con cuidado, moviendo un trozo de chapa oxidada. Y allí estaba. Un robot chiquitín, del tamaño de una sandía, con dos ojos redondos que parpadeaban con dificultad. Su cuerpo era de metal brillante, pero una de sus patitas estaba doblada y no tocaba el suelo. "¡Bip-bop! ¡Sniff! ¡Bip-bop!", hizo el robot, como si estuviera triste. Intentaba andar, pero solo giraba en círculos, ¡Plaf! y se caía de lado.
Pol se acercó despacito. "Hola, pequeño robot", dijo Pol con su voz suave. El robot levantó la cabeza y sus ojos parpadearon más rápido. "¿Bip-bop?", preguntó, como si no entendiera. Pol vio que la patita doblada tenía un tornillo medio suelto. Si el robot no podía andar bien, ¡seguro que no podía encontrar a sus amigos robots! Pol pensó: "¿Y cómo lo arreglo? ¡No tengo herramientas! ¿Y si lo rompo más?". Se rascó la cabeza, un poco preocupado. El robot volvió a caerse, ¡Plaf!, y emitió un "¡Ohhh!" electrónico.
"No te preocupes, yo te ayudo", dijo Pol, sintiendo una cosquilla de amabilidad en su barriga. Se sentó en el suelo, justo al lado del robot. Con sus deditos pequeños, pero fuertes, intentó mover el tornillo. ¡Cric, cric! Estaba un poco duro. "Espera, voy a probar otra cosa", dijo Pol. Vio un trozo de alambre delgado y fuerte en el suelo. Con mucho cuidado, Pol usó el alambre para enderezar un poquito la patita doblada. Luego, con la punta de su dedo, empujó el tornillo suelto hasta que hizo un "¡Click!" y se apretó. ¡Listo! El robot se levantó, movió la patita de un lado a otro. "¡Bip-bop! ¡Bip-bop! ¡Yujuuu!", exclamó el robot, y esta vez, sus ojos parpadearon con alegría. Dio un pequeño salto y luego corrió un poquito, ¡Bip-bop! ¡Bip-bop! ¡Funcionaba! El robot se frotó contra la pierna de Pol, como un gatito.
Pol sonrió. "¡Qué bien!", dijo. El robot estaba tan contento que empezó a hacer ruiditos de risa, "¡Ji, ji, ji!" robótico. Pol se despidió con un movimiento de mano. El robot, con su patita arreglada, se fue dando saltitos entre los hierros del desguace, "¡Bip-bop! ¡Hasta pronto!". Pol se quedó un ratito más, viendo cómo el sol se iba poniendo y las sombras se hacían más largas. Los hierros del desguace ya no cantaban, solo susurraban. El aire se hizo más fresquito. Pol pensó en el pequeño robot y en lo contento que se había puesto al recibir ayuda. Era bonito ser amable. Muy, muy bonito. Pol ya estaba cansado. Sus ojos se cerraron un poquito. Un bostezó grande. ¡Uff! La aventura había terminado. Hora de dormir.
De repente, detrás de una pila de lavadoras viejas, Pol escuchó un ruidito muy bajito. "¡Bip-bop! ¡Bip-bop!". Sonaba como un pajarito, pero mucho más robótico. Pol se asomó con cuidado, moviendo un trozo de chapa oxidada. Y allí estaba. Un robot chiquitín, del tamaño de una sandía, con dos ojos redondos que parpadeaban con dificultad. Su cuerpo era de metal brillante, pero una de sus patitas estaba doblada y no tocaba el suelo. "¡Bip-bop! ¡Sniff! ¡Bip-bop!", hizo el robot, como si estuviera triste. Intentaba andar, pero solo giraba en círculos, ¡Plaf! y se caía de lado.
Pol se acercó despacito. "Hola, pequeño robot", dijo Pol con su voz suave. El robot levantó la cabeza y sus ojos parpadearon más rápido. "¿Bip-bop?", preguntó, como si no entendiera. Pol vio que la patita doblada tenía un tornillo medio suelto. Si el robot no podía andar bien, ¡seguro que no podía encontrar a sus amigos robots! Pol pensó: "¿Y cómo lo arreglo? ¡No tengo herramientas! ¿Y si lo rompo más?". Se rascó la cabeza, un poco preocupado. El robot volvió a caerse, ¡Plaf!, y emitió un "¡Ohhh!" electrónico.
"No te preocupes, yo te ayudo", dijo Pol, sintiendo una cosquilla de amabilidad en su barriga. Se sentó en el suelo, justo al lado del robot. Con sus deditos pequeños, pero fuertes, intentó mover el tornillo. ¡Cric, cric! Estaba un poco duro. "Espera, voy a probar otra cosa", dijo Pol. Vio un trozo de alambre delgado y fuerte en el suelo. Con mucho cuidado, Pol usó el alambre para enderezar un poquito la patita doblada. Luego, con la punta de su dedo, empujó el tornillo suelto hasta que hizo un "¡Click!" y se apretó. ¡Listo! El robot se levantó, movió la patita de un lado a otro. "¡Bip-bop! ¡Bip-bop! ¡Yujuuu!", exclamó el robot, y esta vez, sus ojos parpadearon con alegría. Dio un pequeño salto y luego corrió un poquito, ¡Bip-bop! ¡Bip-bop! ¡Funcionaba! El robot se frotó contra la pierna de Pol, como un gatito.
Pol sonrió. "¡Qué bien!", dijo. El robot estaba tan contento que empezó a hacer ruiditos de risa, "¡Ji, ji, ji!" robótico. Pol se despidió con un movimiento de mano. El robot, con su patita arreglada, se fue dando saltitos entre los hierros del desguace, "¡Bip-bop! ¡Hasta pronto!". Pol se quedó un ratito más, viendo cómo el sol se iba poniendo y las sombras se hacían más largas. Los hierros del desguace ya no cantaban, solo susurraban. El aire se hizo más fresquito. Pol pensó en el pequeño robot y en lo contento que se había puesto al recibir ayuda. Era bonito ser amable. Muy, muy bonito. Pol ya estaba cansado. Sus ojos se cerraron un poquito. Un bostezó grande. ¡Uff! La aventura había terminado. Hora de dormir.
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