🎧 El Ritmo Secreto de Central Park

3-7 años · 5 min

🎧 El Ritmo Secreto de Central Park
«¡Chisss! ¿Oís eso?», susurró Gonzalito, deteniéndose en mitad del sendero de Central Park. Un sonido extraño rebotaba entre los árboles. No era el canto de los pájaros ni el murmullo de la ciudad. Era un… ¡Bum… plof… bum… plof!

«Suena como un tambor triste», dijo Juanito, sacudiendo sus rizos rubios con curiosidad. Se adelantó, siguiendo el ritmo apagado. Carolinita le agarró de la mano, con sus pequeños pies intentando seguir el paso.

Al rodear un gran roble, lo vieron. Sentado ante una mesa con dos platos giratorios, había un perro con gafas de sol y unos auriculares enormes. Era el famoso DJ Doggy Dog, ¡pero no parecía nada feliz! Tenía las orejas caídas y suspiraba. A su alrededor, un público de ardillas, palomas y una tortuga muy vieja lo miraban expectantes.

«¿Qué te pasa, DJ Doggy Dog?», preguntó Juanito con valentía.

El perro se levantó las gafas de sol. «He perdido mi ritmo», se lamentó. «Las ardillas quieren un ritmo rápido para dar botes, pero la señora tortuga prefiere algo lento para balancearse. Si pongo uno, los otros se aburren. ¡No sé cómo hacer que todos bailen juntos!».

Gonzalito se ajustó sus propias gafas, observando la escena. Vio a las ardillas nerviosas y a la tortuga bostezando. «A ver, enséñanos los ritmos», dijo con seriedad.

DJ Doggy Dog puso el primero. ¡PUM-CHACA-PUM-PUM-CHACA! Era tan rápido que las ardillas empezaron a vibrar de emoción, pero la tortuga escondió la cabeza en su caparazón. Luego, puso el segundo. Un ritmo laaargo y suuuave. La tortuga asomó la cabeza y sonrió, pero las ardillas se tumbaron en el césped, aburridas.

«Ves, es imposible», dijo el perro, dejando caer las orejas de nuevo.

Gonzalito se quedó pensando. Era una decisión difícil. ¿A quién contentar? Si elegía el rápido, la tortuga se asustaría. Si elegía el lento, la fiesta se acabaría para las ardillas. Miró a sus hermanos, buscando una pista.

Mientras, Juanito había visto algo rojo que asomaba bajo una hoja. Lo cogió. Era una pelotita de goma. La apretó y sonó un divertido… ¡Ñic!

Al oírlo, Carolinita soltó una carcajada. Sus rizos castaños se movieron mientras imitaba el sonido. «¡Ñic, ñic!», dijo, dando unas palmaditas. Sus grandes ojos azules brillaban de alegría con aquel ruidito.

De repente, a Gonzalito se le iluminó la cara, un reflejo en sus gafas delató su idea. «¡Ya lo tengo!», exclamó. «¡DJ Doggy Dog, no tienes que elegir! ¡Puedes mezclarlos!».

Se acercó a la mesa. «Usa el ritmo lento y suave como base, para la tortuga», explicó. Luego señaló la pelotita de Juanito. «¡Y añade ese sonido *ñic* por encima, como un beat divertido y rápido para las ardillas!».

DJ Doggy Dog parpadeó. ¿Funcionaría? Colocó la aguja en el ritmo lento y, con la otra mano, empezó a apretar la pelotita de Juanito cerca del micrófono. ¡Bummm… ñic… bummm… ñic… ñic! El resultado era increíble. Era tranquilo y emocionante a la vez.

Carolinita fue la primera en moverse. Empezó a dar pequeños saltitos al ritmo del «ñic». Luego, la tortuga empezó a balancear su cabeza lentamente al ritmo del «bummm». Y en un instante, ¡todas las ardillas estaban dando botes y piruetas! ¡Habían creado el ritmo perfecto!

Poco a poco, la música se fue haciendo más y más suave. El «ñic» se convirtió en un susurro y el «bummm» en el latido de un corazón dormido. Los animales del parque se acurrucaron para descansar.

«Gracias, pequeños genios del ritmo», bostezó DJ Doggy Dog. «Habéis salvado la fiesta».

Gonzalito, Juanito y Carolinita también sentían el sueño en sus ojos. De vuelta a casa, el eco de la música los acompañaba. Ya en sus camas, el pelo liso y castaño de Gonzalito reposaba tranquilo sobre la almohada. Los rizos rubios de Juanito parecían pequeñas olas doradas. Y los rizos de Carolinita enmarcaban su carita, soñando con ritmos divertidos.

El último sonido que oyeron fue un suave…

Bummm… ñic…

Buenas noches.

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