🕺 El Moonwalk de la Plaza de Chamberí

5-7 años · 5 min

🕺 El Moonwalk de la Plaza de Chamberí
La música retumbaba en toda la plaza de Chamberí. ¡Bum-bum-chá! ¡Bum-bum-chá! Era la canción de Michael Jackson. Gonzalito se ajustó las gafas y miró el escenario improvisado junto a la fuente. Había luces de colores que giraban y hacían brillar el agua.

—¿Hay mucha gente? —preguntó Juanito, poniéndose de puntillas para ver mejor.

—Mucha —respondió Gonzalito, con un nudo en la tripa—. Y todos parecen saberse los pasos de memoria.

Juanito no parecía preocupado. Daba saltitos en el sitio, y sus rizos rubios se movían como un manojo de muelles dorados. ¡Estaba listo para bailar!

Un niño mayor subió al escenario. Llevaba un guante con lentejuelas y, cuando la música sonó, hizo un giro perfecto sobre sus talones. ¡Clac! La gente aplaudió con fuerza. Gonzalito tragó saliva. Su propio pelo, liso y castaño, le pareció de repente muy aburrido. Su plan de baile, que habían ensayado en el pasillo de casa, ahora le parecía una tontería.

—Nuestro baile no es así, Gonza —dijo, tirando de la manga de su hermano mayor—. El nuestro es más divertido.

Gonzalito miró a Juanito. Luego miró a los otros concursantes, que practicaban movimientos serios y complicados. Por un momento, pensó en decir que mejor no salían, que solo mirarían. Pero entonces vio la ilusión en los ojos azules de su hermano, tan parecidos a los suyos.

Era su decisión. Podían hacer los cuatro pasos sencillos que eran seguros, o podían arriesgarse con el gran final que habían inventado: el «Robot-Moonwalk». Era difícil y podía salir fatal.

—Vale —dijo Gonzalito, tomando aire—. Haremos el difícil. Pero tienes que hacer tu parte del robot con mucha energía, ¿entendido?

—¡Entendido! —exclamó Juanito con una sonrisa que iluminó su cara de piel clara bajo las luces de la plaza.

Cuando el presentador dijo sus nombres, los dos subieron los escalones de madera. ¡Plaf, plaf, plaf! Sonaron sus zapatillas. La música empezó. Era «Thriller». Gonzalito sintió que el corazón le latía a la misma velocidad que la batería. ¡Bum, bum, bum!

Empezaron a moverse. Juanito sacudía los brazos con una energía contagiosa que hizo reír a la gente de las primeras filas. Gonzalito, con sus ojos azules muy concentrados, marcaba los pasos que había memorizado. Izquierda, derecha, giro. Y entonces, llegó el momento.

Gonzalito le hizo una señal a Juanito. Empezó a deslizarse hacia atrás, imitando el famoso moonwalk. No era perfecto, era un poco a trompicones, pero lo estaba haciendo. De repente, Juanito se quedó quieto, ¡cric!, y empezó a moverse como un robot, con movimientos cortos y mecánicos que eran graciosísimos. La combinación era tan inesperada y divertida que todo el mundo empezó a aplaudir y a reír a la vez.

No ganaron el primer premio, pero el presentador creó una categoría nueva solo para ellos: «El Premio a la Alegría en la Pista». Les dieron dos refrescos y una bolsa de chuches, que para ellos fue el mejor trofeo del mundo.

De vuelta a casa, caminando despacio de la mano de papá, la plaza se fue quedando silenciosa. Solo se oían sus pasos y el murmullo lejano de los últimos coches. Las luces de la calle parecían más suaves.

—Mi parte del robot ha sido la mejor —susurró Juanito, medio dormido.

—Y mi moonwalk también —respondió Gonzalito en voz baja, con una sonrisa cansada—. Pero juntos ha sido increíble.

Ya en la cama, con las luces apagadas, el recuerdo del baile les hacía sonreír en la oscuridad. El sonido de la música se había convertido en un eco suave en sus cabezas. Qué bien lo habían pasado.

Cerraron los ojos.

El escenario se apagó.

La plaza estaba en silencio.

A dormir.

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