✨ Nicky y el golpe valiente

12-12 años · 5 min · Autoconfianza

✨ Nicky y el golpe valiente
Nicky respiraba hondo. ¡Plaf! La pelota de pádel rebotó en su raqueta con un sonido seco, pero en lugar de cruzar la red, se estrelló contra la malla. Otra vez. Estaba en su pista favorita, la número siete del Club 'La Raqueta Brillante', donde el sol de la tarde teñía las paredes de naranja y las pelotas parecían brillar con luz propia. El aire olía a tierra mojada y a césped recién cortado.

Hoy no era su día con la `bandeja`, ese golpe especial que se lanza desde arriba para que la pelota muera lentamente en la pared del fondo. Tenía un mini-torneo de amigos el sábado, y esta bandeja era clave. Nicky se mordió el labio. "¡Venga, Nicky!", se dijo a sí misma, con la voz un poco más baja de lo normal.

Recogió la pelota con la pala, la lanzó al aire y... ¡Zas! Otro intento. La pelota voló demasiado alta, golpeando el techo de la pista antes de caer sin control. Un suspiro de frustración escapó de sus labios. Había practicado este golpe mil veces, pero hoy, simplemente no salía. Una vocecita en su cabeza empezó a zumbar: "No lo conseguirás, Nicky. Es muy difícil para ti."

Nicky se sentó en el banco, dejando caer la raqueta a su lado. El eco de sus golpes fallidos parecía quedarse en el aire. Miró el cielo, que empezaba a tomar tonos morados. "¿Y si no soy tan buena como creo?", pensó. Ese mini-torneo con sus amigos, que antes le emocionaba, ahora le daba un poco de miedo. ¿Qué pasaría si fallaba todas las bandejas?

De repente, recordó algo. El año pasado, cuando aprendió a sacar de revés, también le costó un montón. Se caía, la pelota no entraba... pero siguió intentándolo. Un día, su entrenador le dijo: "Nicky, la raqueta obedece a tu cabeza. Si tú crees que puedes, ella también lo hará". Esas palabras volvieron a su mente como un eco suave.

"La raqueta obedece a tu cabeza...", repitió en voz baja. Se levantó, recogió la raqueta con más fuerza. Miró la red, luego la pared del fondo, y por último, el punto exacto donde quería que la pelota muriera. Cerró los ojos por un segundo e imaginó el golpe perfecto: su brazo subiendo, la raqueta impactando, la pelota volando suave y cayendo como una pluma.

Abrió los ojos. Respiró hondo, sintiendo el aire fresco llenar sus pulmones. "¡Una vez más, Nicky!", se animó. Lanzó la pelota. Subió la raqueta con decisión. ¡Plaf! Esta vez, el sonido fue diferente, más limpio. La pelota pasó la red con un giro suave, rebotó justo donde quería en la pared y se deslizó casi sin fuerza hasta el suelo. ¡Lo había conseguido! No fue perfecto, pero fue muchísimo mejor.

Una sonrisa enorme se dibujó en su cara. No era el golpe más increíble del mundo, pero la sensación de haberlo hecho, de haber creído en sí misma, era la mejor. Guardó su raqueta en la funda, sintiendo el cansancio, pero también una energía nueva. Las luces de la pista se encendieron, iluminando el club.

El pádel no era solo correr y golpear; era también escuchar esa voz interior que te decía "tú puedes".

Mientras caminaba hacia la salida, el sonido de las raquetas de otras pistas se hizo más suave, como un murmullo lejano. El aire de la noche era fresco y tranquilo. Nicky ya no pensaba en el mini-torneo con miedo, sino con ganas.

Mañana, volvería a intentarlo. Mañana, seguiría creyendo en ella.

Llegó a casa, se metió en la cama. Sus párpados se sentían pesados. El eco de la pelota en la pared, el ¡Plaf! perfecto, se repetía en su mente. Era un sonido de autoconfianza. Un sonido para soñar.

Los ruidos de la noche se hicieron más lejanos.

Un gran bostezo.

Y el sueño llegó, suave y tranquilo.

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