¡Nerea, la Pequeña Exploradora de Animales!

2-2 años · 5 min

¡Nerea, la Pequeña Exploradora de Animales!
¡Hola, pequeña Nerea! ¿Estás lista para una aventura? Un día, Nerea, con sus ojitos muy abiertos y su sonrisa más bonita, estaba sentada en el jardín de su casa. El sol calentaba su naricita y las flores olían a cosas ricas. De repente, ¡zas!, algo pequeño y rápido pasó volando justo delante de ella. Nerea, sorprendida, estiró su cuellito para mirar. Era un pajarito con plumas de colores, que se posó en la rama de un árbol cercano. ¿Qué haría el pajarito? ¿A dónde iría? La curiosidad de Nerea era como una cosquillita en su barriga, ¡quería saber más y más!

Nerea decidió que ese día sería una gran exploradora de animales. Se puso de pie, con mucho cuidado para no asustar al pajarito, y empezó a caminar despacito por el jardín. Primero, se acercó al árbol donde estaba el pajarito. El pajarito, ¡pío, pío!, voló un poquito más lejos. Nerea lo siguió con la mirada. "¿Qué comes, pajarito?", se preguntaba Nerea en voz bajita. "Seguro que semillitas y gusanitos", pensó mientras imaginaba al pajarito buscando su comida. Nerea movió sus bracitos como si fueran alas, ¡quería volar como el pajarito!

Siguió su paseo y, ¡oh, sorpresa!, entre las flores, vio algo que se movía muy, muy lento. Era un caracol. Un caracol con su casita a cuestas, brillante y redonda. Nerea se agachó con cuidado para verlo mejor. "¿Y tú, caracol, a dónde vas con tanta calma?", susurró Nerea. El caracol dejaba un caminito brillante por donde pasaba. Nerea alargó un dedito, con suavidad, para tocar la hoja que el caracol estaba oliendo. Era tan divertido ver cómo sacaba sus pequeños cuernitos y luego los escondía. Nerea intentó moverse muy, muy despacio, como el caracol. ¡Qué risa!

Más adelante, Nerea escuchó un "miau" suave. ¡Un gatito! Un gatito blanco y negro, con bigotes largos y una cola que se movía de un lado a otro. El gatito jugaba con una hoja caída. Nerea se sentó en el suelo y le hizo "psss, psss". El gatito la miró con sus ojos verdes y se acercó despacito, restregándose contra su pierna. Nerea le hizo cosquillas detrás de las orejas. "¿Qué te gusta hacer, gatito?", preguntó. El gatito ronroneó, haciendo un ruidito como un pequeño motor. Nerea intentó ronronear también, ¡grrrr, miau! Quería saber por qué el gato maullaba y qué le gustaba comer. ¡Seguro que pescado y leche!

De repente, un "guau, guau" alegre llamó su atención. Era un perrito pequeño, con el pelo suave y las orejas caídas, que corría detrás de una pelota. El perrito movía su colita con mucha alegría. Nerea le tiró la pelota y el perrito la trajo de vuelta, ¡qué divertido! "¿Por qué mueves la cola, perrito?", le preguntó Nerea. Su mamá le había dicho una vez que los perritos movían la cola cuando estaban contentos. Nerea, con una gran sonrisa, movió su culito como si tuviera una cola invisible.

Después de jugar con todos sus nuevos amigos, Nerea se sentó en el césped, con los ojos brillantes. Había visto al pajarito volar, al caracol arrastrarse, al gatito ronronear y al perrito mover su cola feliz. ¡Cuántas cosas nuevas había aprendido! Su cabeza estaba llena de preguntas y respuestas. Se dio cuenta de que cada animal era especial y diferente, y que preguntar y observar era la mejor manera de descubrir sus secretos.

Nerea estaba muy contenta. La curiosidad le había regalado un día lleno de aventuras y descubrimientos. Sabía que el mundo estaba lleno de animales y cosas maravillosas esperando a ser descubiertas. Y lo mejor de todo es que no hacía falta ir muy lejos, ¡solo había que mirar con los ojos bien abiertos y hacer muchas preguntas! Nerea se fue a casa con una gran sonrisa, soñando con los pajaritos que vuelan, los caracoles que caminan despacio, los gatitos que ronronean y los perritos que juegan. ¡Qué divertido es ser curiosa!

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