🐉 Aritz y el Dragón de la Selva

3-3 años · 5 min · dragones

🐉 Aritz y el Dragón de la Selva
Una tarde, Aritz estaba en la selva, corriendo entre los árboles con su gato. El aire estaba lleno de olores frescos y húmedos, y el sonido de las hojas susurraba como un secreto. Aritz tenía mucha energía y exploraba cada rincón, buscando aventuras. De repente, escuchó un ruido extraño: un crujido profundo que venía de detrás de un gran árbol antiguo. Curioso, se acercó con su gato, que lo seguía, moviendo la cola de un lado a otro.

Cuando llegó al árbol, encontró algo increíble: un gran dragón dormido, cubierto de escamas brillantes que reflejaban la luz del sol. Aritz se quedó boquiabierto. “¡Mira, Gato! ¡Un dragón!”, exclamó, con los ojos muy abiertos. El dragón parecía tranquilo, pero emitía un suave sonido, como un gato ronroneando.

Aritz no sabía qué hacer. Entonces, decidió que debía acercarse un poco más. Se agachó y tocó suavemente la escama del dragón. Este se movió, abriendo un ojo medio dormido. Aritz dio un paso atrás, asombrado. El dragón, con una voz profunda, dijo: “¿Quién se atreve a tocarme?”. Aritz, sintiendo un poco de miedo y mucha emoción, respondió: “Soy Aritz, y quería ver a un dragón”.

El dragón sonrió, mostrando sus grandes colmillos, pero no parecía amenazante. “Soy Draki, guardián de la selva. ¿Quieres saber más sobre mi hogar?”, preguntó. Aritz asintió con entusiasmo y Draki se levantó, mostrando su magnífica envergadura. “Súbete en mi espalda, pequeño amigo”, dijo el dragón con un tono amistoso.

Aritz miró a su gato, que parecía un poco incómodo, pero decidió que esta era una oportunidad única. Subió al lomo de Draki, y su gato, con un salto ágil, se acomodó justo detrás de él. En ese instante, Draki alzó el vuelo.

El viento soplaba fuerte y Aritz sintió la libertad de volar por encima de la selva. Todo era un espectáculo de colores y sonidos. Los árboles parecían pequeños y los animales eran puntos en el paisaje. “¡Mira, Gato! ¡Es increíble!”, gritó Aritz, riendo de felicidad. Draki volaba bajo, mostrándole los secretos de la selva: caídas de agua brillantes, flores que cantaban y árboles que chorreaban un néctar dulce.

De repente, Draki hizo un giro brusco, y Aritz se aferró con fuerza. “¡Cuidado!”, gritó Draki. “Aquí hay un lugar especial donde el cielo toca la tierra.” Aritz vio un claro lleno de luz, donde habían dragones de diferentes colores volando y jugando.

“¡Hay tantos dragones!”, exclamó Aritz, mientras miraba maravillosamente a su alrededor. “¿Puedo quedarme un rato más?”. Draki sonrió. “Solo si prometes que no te asustarás. A veces, los dragones pueden ser traviesos.”

Aritz sonrió y prometió ser valiente. Pasaron el tiempo jugando con otros dragones, lanzando pequeñas nubes de humo y haciendo juegos de carreras. Pero después de un tiempo, Aritz sintió que debía regresar a casa.

“Es hora de volver, Aritz. Tu familia debe estar buscándote”, dijo Draki, aterrizando suavemente en el lugar donde había encontrado al dragón. Aritz se despidió de sus nuevos amigos y agradeció a Draki por la experiencia mágica.

Mientras regresaba, Aritz se dio cuenta de que tenía una historia increíble que contar. Cuando llegó a casa, vio a su abuela, Amama, esperándolo con una sonrisa. “¿Dónde has estado?”, preguntó ella. Aritz, emocionado, empezó a relatar su encuentro con Draki y los dragones, llenando la sala de risas y asombro. El sonido del viento moviendo las hojas afuera seguía resonando, como un eco de la maravillosa aventura que había vivido. Y así, la tarde se desvaneció, mientras Aritz sonreía recordando su vuelo sobre la selva.

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