🌌 Aritz y la Estrella Fugaz

3-3 años · 5 min · espació

🌌 Aritz y la Estrella Fugaz
Una noche, Aritz soñaba con el espacio. Miraba por la ventana de su habitación y veía las estrellas brillando en el cielo. Un día, mientras paseaba por el parque con su Amama, Aritz vio algo sorprendente en el cielo. Era una estrella fugaz que cruzaba rápidamente. "¡Mira, Amama!", gritó emocionado. "¿Lo has visto? ¡Ha volado tan rápido como un cohete!" Amama sonrió y le explicó que las estrellas fugaces eran deseos que estaban a punto de cumplirse.
Aritz se llenó de alegría y le pidió a su Amama un deseo. "Quiero ir al espacio y conocer a los astronautas", dijo con firmeza. Amama rió y le prometió que algún día podría hacerlo.
Esa tarde, mientras jugaba en el parque, Aritz encontró un pequeño cohete de juguete entre las hojas. "¡Esto es justo lo que necesitaba!", exclamó.
Cuando llegó a casa, Aritz decidió que su cohete de juguete sería su nave espacial. Con un poco de ayuda de su Amatxu, pintaron el cohete de colores brillantes. "¡Lo llamaremos Estrella Brillante!", dijo Aritz divertido. Juntos, colocaron estrellas de papel en el jardín para hacer su propio cielo estrellado.
Al caer la noche, Aritz puso su cohete en el centro del jardín. Miró al cielo y empezó a contar las estrellas. "Uno, dos, tres...", decía mientras apuntaba con el dedo. Cada vez que contaba una estrella, se imaginaba volando hacia ella.
De repente, comenzó a caer una lluvia de estrellas. "¡Mira, Amama! ¡Es como un espectáculo de fuegos artificiales!". Amama se unió a él y ambos se sentaron en el césped, disfrutando del bello espectáculo.
Justo cuando parecía que todo se calmaba, un suave viento empezó a soplar. Con el viento, Aritz escuchó un sonido extraño. "¿Qué es eso?", preguntó. Amama le dijo que era solo el viento, pero Aritz creía que podía ser algo más.
Con curiosidad, se levantó y siguió el sonido. Al acercarse a un viejo árbol en el parque, vio algo brillante en el suelo. Era una pequeña estrella de metal, parecida a las que había pintado en su cohete. Aritz la recogió con cuidado. "¡Esto es increíble!", gritó.
Amama se acercó y le dijo: "Tal vez esa estrella te ayudará a viajar al espacio. Puedes guardarla como recuerdo de esta noche".
Aritz sonrió y la guardó en su bolsillo. De repente, una luz brillante iluminó el cielo. Era una estrella fugaz más, pero esta vez, parecía más cerca. "¡A la cuenta de tres!", dijo Aritz. "¡Deseo viajar al espacio! Uno, dos, tres!".
Justo en ese instante, el cohete de juguete empezó a brillar, como si respondiera a su deseo. Aritz miró a su Amama y ambos comenzaron a reírse. Al final de la noche, Aritz se sintió un poco más cerca de las estrellas.
Y así, cuando Aritz entró en casa, tenía una estrella brillante en el bolsillo y un cohete brillante en el jardín, sintiendo que, en algún lugar, un pequeño deseo había comenzado a cumplirse.
Las estrellas en el cielo seguían brillando mientras Aritz y su Amama volvían a casa, dejando atrás un parque iluminado por el suave resplandor de las estrellas.
La última imagen fue Aritz mirando a las estrellas desde su ventana, con una sonrisa en el rostro, y una suave brisa acariciando su cara.

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