Los Coches Soñadores y el Prado Secreto
3-7 años · 5 min · Gratitud · Coches
Era una noche especial en la casa de Gonzalito, Juanito y Carolinita. Las estrellas parpadeaban tímidas en el cielo oscuro, y dentro, el salón se preparaba para una gran aventura. A Gonzalito le encantaba su coche de carreras rojo, el más veloz de todos. Juanito no se separaba de su camión de bomberos azul, listo para cualquier rescate. Y Carolinita, con su cochecito rosa brillante, soñaba con viajes mágicos. Mamá y Papá les habían prometido un último juego antes de acurrucarse en la cama, ¡y era el momento perfecto para que sus coches cobraran vida en un viaje inolvidable!
Con una sonrisa, los tres hermanos corrieron a buscar sus compañeros de cuatro ruedas. '¡Yo seré el primero!', exclamó Gonzalito, haciendo rugir imaginariamente su coche rojo. Juanito colocó su camión azul en la 'carretera' de la alfombra, listo para seguir. Y Carolinita, con su cochecito rosa, dijo: '¡Vamos a descubrir un lugar mágico!'. Así, comenzó su viaje. Cruzaron las 'montañas' de cojines del sofá, con Gonzalito adelantándose, Juanito abriéndose paso con su fuerte camión, y Carolinita riendo mientras su cochecito saltaba. '¡Atención, un río!', dijo Juanito, señalando una manta azul en el suelo. Con mucho cuidado, sus coches 'flotaron' sobre ella. De pronto, Carolinita, que siempre tenía los ojos bien abiertos para lo extraordinario, gritó: '¡Mirad! ¡Un túnel secreto detrás de la librería!'. Era solo la sombra de un mueble, pero en su imaginación, se convirtió en un pasaje misterioso. Con un poco de valentía, uno tras otro, sus coches 'entraron' en el túnel. Al salir, no estaban en el salón, sino en un lugar que nunca habían visto: el 'Prado de las Luces Saltarinas'. El aire olía a flores dulces, y por todas partes, pequeñas luces brillantes bailaban y flotaban como si fueran hadas invisibles. Eran luciérnagas de juguete que habían olvidado en una cesta, pero para ellos, ¡era pura magia! Los ojos de Gonzalito se abrieron de asombro, Juanito silbó bajito, y Carolinita aplaudió con alegría. Sus coches se detuvieron, y los tres hermanos se quedaron contemplando aquel espectáculo de luz y color. '¡Es el lugar más bonito del mundo!', susurró Gonzalito. '¡Y mi camión nos trajo hasta aquí!', añadió Juanito con orgullo. Carolinita abrazó su cochecito rosa. '¡Qué suerte que tenemos unos coches tan especiales y una imaginación tan grande!', dijo, sintiendo una calidez en el corazón.
Poco a poco, las luces saltarinas comenzaron a desvanecerse, y el túnel secreto pareció llamarles de vuelta. Con una última mirada al mágico prado, los tres hermanos 'subieron' a sus coches y emprendieron el camino de regreso. Uno a uno, sus vehículos 'aparecieron' de nuevo en el salón, justo a tiempo para que Mamá y Papá llegaran a arroparlos. Gonzalito guardó su coche rojo con cuidado, Juanito aparcó su camión azul junto a la cama, y Carolinita dejó su cochecito rosa en la mesilla de noche, como un tesoro. 'Ha sido el mejor viaje de coches', dijo Gonzalito, ya tapado. 'Sí', añadió Juanito, 'y qué suerte que lo hicimos juntos'. Carolinita sonrió, 'Estoy tan contenta de tener mis coches y de poder jugar con vosotros. ¡Gracias, coches, por llevarnos a soñar tan lejos! ¡Y gracias, hermanos, por compartir la aventura!'. Mamá y Papá les dieron un beso de buenas noches, y mientras cerraban los ojos, los tres hermanos sentían una gran gratitud en sus corazones por su maravillosa familia, sus juguetes y la magia de su imaginación. Sabían que, aunque los coches dormían, sus sueños seguirían viajando a lugares increíbles.
Con una sonrisa, los tres hermanos corrieron a buscar sus compañeros de cuatro ruedas. '¡Yo seré el primero!', exclamó Gonzalito, haciendo rugir imaginariamente su coche rojo. Juanito colocó su camión azul en la 'carretera' de la alfombra, listo para seguir. Y Carolinita, con su cochecito rosa, dijo: '¡Vamos a descubrir un lugar mágico!'. Así, comenzó su viaje. Cruzaron las 'montañas' de cojines del sofá, con Gonzalito adelantándose, Juanito abriéndose paso con su fuerte camión, y Carolinita riendo mientras su cochecito saltaba. '¡Atención, un río!', dijo Juanito, señalando una manta azul en el suelo. Con mucho cuidado, sus coches 'flotaron' sobre ella. De pronto, Carolinita, que siempre tenía los ojos bien abiertos para lo extraordinario, gritó: '¡Mirad! ¡Un túnel secreto detrás de la librería!'. Era solo la sombra de un mueble, pero en su imaginación, se convirtió en un pasaje misterioso. Con un poco de valentía, uno tras otro, sus coches 'entraron' en el túnel. Al salir, no estaban en el salón, sino en un lugar que nunca habían visto: el 'Prado de las Luces Saltarinas'. El aire olía a flores dulces, y por todas partes, pequeñas luces brillantes bailaban y flotaban como si fueran hadas invisibles. Eran luciérnagas de juguete que habían olvidado en una cesta, pero para ellos, ¡era pura magia! Los ojos de Gonzalito se abrieron de asombro, Juanito silbó bajito, y Carolinita aplaudió con alegría. Sus coches se detuvieron, y los tres hermanos se quedaron contemplando aquel espectáculo de luz y color. '¡Es el lugar más bonito del mundo!', susurró Gonzalito. '¡Y mi camión nos trajo hasta aquí!', añadió Juanito con orgullo. Carolinita abrazó su cochecito rosa. '¡Qué suerte que tenemos unos coches tan especiales y una imaginación tan grande!', dijo, sintiendo una calidez en el corazón.
Poco a poco, las luces saltarinas comenzaron a desvanecerse, y el túnel secreto pareció llamarles de vuelta. Con una última mirada al mágico prado, los tres hermanos 'subieron' a sus coches y emprendieron el camino de regreso. Uno a uno, sus vehículos 'aparecieron' de nuevo en el salón, justo a tiempo para que Mamá y Papá llegaran a arroparlos. Gonzalito guardó su coche rojo con cuidado, Juanito aparcó su camión azul junto a la cama, y Carolinita dejó su cochecito rosa en la mesilla de noche, como un tesoro. 'Ha sido el mejor viaje de coches', dijo Gonzalito, ya tapado. 'Sí', añadió Juanito, 'y qué suerte que lo hicimos juntos'. Carolinita sonrió, 'Estoy tan contenta de tener mis coches y de poder jugar con vosotros. ¡Gracias, coches, por llevarnos a soñar tan lejos! ¡Y gracias, hermanos, por compartir la aventura!'. Mamá y Papá les dieron un beso de buenas noches, y mientras cerraban los ojos, los tres hermanos sentían una gran gratitud en sus corazones por su maravillosa familia, sus juguetes y la magia de su imaginación. Sabían que, aunque los coches dormían, sus sueños seguirían viajando a lugares increíbles.
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