🌾 La Amiga del Campo de Arroz

4-4 años · 5 min · Amistad

🌾 La Amiga del Campo de Arroz
Vega correteaba entre las plantas de arroz. ¡Qué divertido! El sol le hacía cosquillas en la nariz. Sus botitas hacían ¡plaf, plaf! en el agua. El campo era grande y muy verde. Las espigas altas le hacían ¡shhh! al viento. Parecían querer contarle algo muy importante. Vega escuchaba atenta los secretos del campo. El aire olía a tierra mojada y a verde fresquito. Le gustaba mucho estar allí.

De repente, Vega vio algo que brillaba. ¡Piiip, piiip! Era una luz muy, muy pequeñita. Estaba casi escondida. Se acercó despacito, haciendo ¡cric, cric! con sus botas. Miró entre las hojas verdes. ¡Oh! Estaba en una hojita de arroz. ¡Tenía una carita triste! Era una luciérnaga, pero no volaba. Sus alitas estaban quietas. Su luz parpadeaba muy, muy bajito. Parecía muy, muy flojita. Como una vela que se apaga.

Vega se agachó con cuidado. "¿Qué te pasa, amiguita?" preguntó con voz suave. La luciérnaga movió sus antenitas. ¡Piiip! Hizo un ruidito muy chiquitín. Parecía muy, muy cansada. Su luz se hizo aún más flojita. "¿Estás triste?" preguntó Vega. "¿No puedes volar?" La luciérnaga bajó la cabecita. Vega pensó: "Mmm, ¿está triste? ¿Tiene hambre?". Miró alrededor. Había muchas plantas de arroz. Pero la luciérnaga no comía hojitas. ¿Qué le podría ayudar?

Vega se rascó la cabeza. "¿Qué te gusta comer?" preguntó a la luciérnaga. La luciérnaga solo hizo ¡piiip! muy flojito. Vega recordó algo muy importante. Su abuela le había dicho un secreto. "A veces", le dijo su abuela, "las luciérnagas comen cosas dulces". "¡Ya sé!" exclamó Vega. ¡Una idea genial! Metió la mano en su bolsillo secreto. ¡Bingo! Sacó dos granitos de arroz cocido. Su abuela se los había dado "por si venía el hambre". Eran suaves y blanquitos. ¡Qué suerte!

Con mucho, mucho cuidado, Vega puso un granito de arroz. Lo puso justo al lado de la luciérnaga. "Toma, amiguita. ¿Quieres un poquito?" le dijo. La luciérnaga lo olió. ¡Piiip! Sus antenitas se movieron rápido. Y con sus patitas diminutas, la luciérnaga comió el arroz. ¡Ñam, ñam! ¡Qué rico! La pequeña luciérnaga comió y comió. Su luz empezó a brillar. ¡Piiip, piiip! Un poquito más fuerte. Luego, otro poquito más. ¡Ya no tenía la carita triste! ¡Ahora sonreía! ¡Qué bien se sentía la luciérnaga con la barriguita llena!

Vega sonrió también. ¡Qué bien se sentía ayudar a su amiga! La luciérnaga terminó de comer el arroz. Le dio un pequeño abrazo a Vega. Era un abrazo muy, muy chiquitín. ¡Era su amiga del campo de arroz! Las dos estaban muy contentas. "¡Gracias!" pareció decir la luciérnaga con su luz. Compartir es muy bonito, pensó Vega. Había hecho una nueva amiga. Una amiga pequeñita y brillante. Y le había ayudado mucho.

El sol ya empezaba a esconderse. Pintaba el cielo de naranja y rosa. Las nubes parecían de algodón de azúcar. Las espigas seguían haciendo ¡Shhh, shhh! Sonaban como una canción de cuna muy dulce. Vega se despidió de su amiga luciérnaga. "Adiós, amiguita. ¡Que brilles mucho!" La luciérnaga hizo un último ¡Piiip! muy fuerte. Su luz se veía desde lejos. ¡Pum! Y luego, la luciérnaga voló. ¡Sí, voló! Hizo ¡fiuuu! Se fue feliz.

Vega caminó despacito a casa. Su corazón estaba contento. Pensó en su amiga luciérnaga. Pensó en el arroz tan rico. El aire se hizo más fresco. Los sonidos del campo se volvieron muy, muy bajitos. Las ranas hacían ¡croac! Suavemente. Casi no se oían. Vega bostezó. Sus ojos se cerraron. ¡Shhh! A dormir.

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