🍔 Lola y el Pan Arcoíris

6-6 años · 5 min · Autoconfianza

🍔 Lola y el Pan Arcoíris
Lola, una niña de 6 años con ojos curiosos y marrones, piel suave y pelo castaño liso, corría y reía en el Parque de los Sueños. Sus pies saltaban en el césped verde, que olía a rocío después de la mañana. Los columpios cantaban “¡Chiiiiiirrrriiiidooo!” con cada empujón que daba. El aire fresco le hacía cosquillas en la nariz. Lola decidió subir al tobogán más alto, que brillaba como si fuera de azúcar al sol, y que prometía una bajada de “¡Wiiiiii!” muy larga. Subió escalón a escalón, con sus manitas agarrándose fuerte.

Cuando llegó arriba, justo antes de tirarse, vio algo pequeño. Era una criatura redonda y suave como una nube, con ojos grandes y tristes. ¡Era un Pompón! Estaba sentado en la esquina, con los hombros bajitos, y hacía un ruidito muy suave. “¡Muuuuaaa! ¡Muuuuaaa!”, hipaba el Pompón, con una voz bajita y rasposa como las hojas secas. Lola, con cuidado, se sentó a su lado. “¿Qué te pasa, Pompón?”, le preguntó Lola con su voz dulce.

El Pompón levantó su carita triste. “¡He perdido mi pan!”, dijo. “¡Mi pan de hamburguesa especial! Es el Pan Arcoíris, que solo sale una vez al año. Sin él, no puedo hacer mi Hamburguesa de la Felicidad. ¡Y hoy es el día de la Hamburguesa de la Felicidad!”. Lola miró al Pompón, que parecía tan desanimado como un globo sin aire. “¿Un pan arcoíris? ¡Eso suena muy difícil de encontrar!”, pensó Lola en voz alta. El parque era muy, muy grande. ¿Dónde podría estar un pan así?

“Es un pan muy especial”, explicó Pompón, secándose una lagrimita con una patita. “Solo crece en el jardín de las Siete Semillas, detrás de la gran encina con la puerta secreta. Pero yo soy muy pequeño y no sé si puedo ir solo”. Lola sintió un poquito de duda. El jardín de las Siete Semillas sonaba un poco lejos, y una puerta secreta… ¿podría encontrarla? Era un sitio que no conocía. “Pero… ¿y si no lo encuentro?”, pensó Lola, con una pizca de miedo en la barriga. Miró al Pompón y sus ojos tristes.

Lola respiró hondo, llenando sus pulmones de aire fresco. Se puso de pie y puso sus manos en las caderas. “¡No pasa nada, Pompón!”, dijo Lola, con una sonrisa valiente. “¡Lo intentaré! ¡Sé que puedo hacerlo!”. Y le tendió su mano. Pompón, con un salto, se agarró a su dedo. Juntos, fueron hacia la gran encina que Pompón le había señalado. Lola caminó alrededor del tronco, buscando. “¡Aquí está!”, exclamó Lola, señalando una pequeña puerta de madera, casi escondida entre las raíces. ¡Era una puerta de verdad!

Con un “¡Cric!” suave, la puerta se abrió a un jardín brillante. Había plantas pequeñas con semillas de todos los colores: rojas, azules, amarillas… ¡Qué bonito! Lola tenía que encontrar la semilla del pan arcoíris. Pompón, emocionado, señaló una semilla que brillaba con todos los colores del arcoíris a la vez. “¡Es esa! ¡Plantémosla!”, chilló Pompón. Lola, con mucho cuidado, la tomó entre sus dedos. Con sus manitas, hizo un agujerito en la tierra suave. “¡Chof! ¡Chof!”, dijo mientras la ponía. Después, la cubrió con tierra.

De repente, ¡Plaf! De la tierra brotó un pan de hamburguesa redondo y suave, con franjas de colores. ¡Era el Pan Arcoíris! Pompón dio un salto de alegría. “¡Lo hemos logrado, Lola! ¡Lo hemos logrado!”. Lola se sintió orgullosa. Una sonrisa grande se dibujó en su cara. “¡Con un poquito de confianza, todo es posible!”, dijo Lola, y Pompón asintió con la cabeza, muy feliz. El sol empezó a bajar, pintando el cielo de naranja y rosa, como un algodón de azúcar gigante.

Lola se despidió de Pompón, que ya estaba pensando en su Hamburguesa de la Felicidad. Lola caminó de vuelta a casa, sintiendo el aire fresco en la cara. Estaba cansada, pero muy feliz. Se metió en su cama suave. El día había sido una aventura. Cierra los ojos. Piensa en el pan arcoíris. ¡Shhh! Lola duerme. Muy profundo.

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