🍕 Melinda y Amanda Cocinando Pizza En La Montaña

4-17 años · 5 min

🍕 Melinda y Amanda Cocinando Pizza En La Montaña
Una tarde, Melinda decidió llevar a su hermana Amanda a La montaña. Ambas tenían hambre y un anhelo especial por una deliciosa pizza. Mientras subían por el sendero, el aire fresco traía consigo el aroma de las flores silvestres.
—¿Cómo sabes hacer pizza? —preguntó Amanda, sus ojos azules brillando de emoción.
—Es un secreto que Mamá me enseñó. Necesitamos masa, salsa, queso y muchos ingredientes más —respondió Melinda sonriendo.
Cuando llegaron a un claro, Melinda se detuvo y observó a su alrededor. El sol brillaba intensamente, iluminando el lugar como si fuera un escenario.
—Aquí es perfecto. ¡Vamos a preparar nuestra pizza! —exclamó Melinda.
Amanda aplaudió de alegría.
—¡Sí! ¡Vamos! —dijo con su voz alegre.
Primero, Melinda comenzó a buscar los ingredientes en su mochila. Sacó un gran paquete de masa y un bote de salsa.
—El queso lo encontré en casa. Mamá siempre lo tiene en la nevera —dijo Melinda mientras abría la bolsa con cuidado.
Ambas se pusieron a trabajar. Melinda estiró la masa sobre una piedra plana mientras Amanda trataba de ayudar, aplaudiendo cada vez que la masa se estiraba un poco más.
—¡Mira, Mel! ¡Es como un círculo gigante! —gritó Amanda, riendo.
—¡Eso es! Pero vamos a hacerla aún más divertida. Vamos a añadir ingredientes locos —sugirió Melinda, pensando en las aceitunas y el pimiento.
Amanda corrió a buscar algunas ramitas para hacer una especie de decoración.
—¡Vamos a hacerla como una obra de arte!
—Sí, pero no olvides que debe ser rica, no solo bonita —respondió Melinda, riendo.
Mientras tanto, un suave viento comenzó a soplar, llevando consigo el sonido de las hojas que susurraban entre sí.
—¿Escuchas eso, Amanda? Es como si la montaña estuviera hablando —dijo Melinda.
—¡Sí! ¡Me gusta! —contestó Amanda.
Trabajaron juntas, añadiendo trozos de pimiento, aceitunas y hasta un poco de maíz que habían encontrado en la mochila.
Pero, de repente, Amanda se detuvo.
—Espera, Mel. ¿Qué pasa si esto no sabe bien? —preguntó, preocupada.
Melinda se agachó y, con una sonrisa, le dijo:
—Si no sabe bien, siempre podemos comerlo con ganas y reírnos. ¡Lo importante es que lo hicimos juntas!
Amanda se rió y continuaron.
Cuando la pizza estuvo lista, Melinda miró el fuego que habían hecho con unas piedras y unas ramitas secas.
—Ahora hay que cocinarla. Vamos a ponerla sobre el fuego —dijo.
Mientras Melinda cocinaba la pizza, Amanda se dedicó a recoger flores para decorar el lugar.
—¡Mira estas, Mel! Son tan bonitas. ¡Parecen estrellas!
—¡Perfecto! Así nuestra pizza será especial y tendrá un toque mágico —respondió Melinda.
Finalmente, la pizza comenzó a dorarse. El olor era increíble. Melinda la levantó con cuidado.
—¡Listo! ¡Hora de probar nuestra creación! —dijo, llevando la pizza a la manta donde estaban sentadas.
Amanda miró la pizza con ojos grandes.
—¿Nos quedamos aquí a comer? —preguntó emocionada.
—Claro, es nuestro picnic de pizza.
Ambas disfrutaron de su creación y rieron mientras comían, sintiéndose orgullosas de lo que habían logrado.
La tarde avanzaba y el sol comenzaba a ocultarse tras las montañas.
—Esto ha sido muy divertido. Deberíamos hacerlo otra vez —dijo Amanda.
—Sí, la próxima vez con más amigos.
Y mientras el viento seguía soplando suavemente, una sensación de felicidad llenaba el aire.
A lo lejos, se escuchaban las risas del gato de Tata, que parecía disfrutar de la vista de sus dos amigas en medio de La montaña.
Y así, Melinda y Amanda se quedaron un rato más, contemplando la belleza del lugar y compartiendo su pizza, mientras el sonido del viento llenaba el espacio con su suave melodía.

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